Trabajar en taxi un día de semana, pasada la medianoche, sabiendo que hay poco pasajero es como un ludópata angustiado por ganar, aunque en mi caso la adicción por el trabajo y la necesidad de pagar cuentas me obligaba a rodar por las calles vacías de público, sin embargo, marcando el reloj la 1.30 de la madrugada ya casi terminaba con mis necesidades monetarias. La Av. Bolívar en Pueblo Libre me veía circular, cuadras antes había dejado a una señora en el Metro de Sucre, la Av., Brasil me esperaba cuando sentí el tirón del timón que aviso que una de las llantas delanteras estaba perdiendo aire; estacionándome a un costado de la acera, procedí a “pisar” la rueda, técnica usual para saber la cantidad de aire que queda, para suerte, un grifo en la esquina de Av. Del Río y Av. Bolívar, fue mi salvación. Haciendo un giro en U, ya me encontraba al lado del llantero, quien noto que era del lado derecho. En cuestión de minutos, la saco, la inflo, la probo, detecto un solo huequito – gracias a Dios- y preparaba el parche frió; el llantero trabajaba como si estuviera solo, concentrado, yo observaba su labor; solo cruzamos palabra por el costo del parche.
El silencio de esa noche fue alterado por un golpe de metales seco y rápido, pero fuerte, él y yo volteamos al mismo tiempo y solo vimos a un tico amarillo que se acercaba al grifo viniendo de la Brasil, yo avance unos pasos buscando con la mirada el origen del ruido, y teniendo al tico mas cerca de mi, observe que estaba golpeado en la parte delantera, el capot lo tenia doblado y el faro derecho lo tenia destrozado; detenido completamente pude suponer que había ocurrido un choque entre el taxi y sabe Dios quien mas. Me acerque al conductor para saber si estaba golpeado o herido, cuando abre la puerta y se baja , era un anciano que por su aspecto físico contaba con no menos de setenta años, una chalina gorda enrollaba su cuello, una chompa azul de lana lo terminaba de abrigar, aunque se le veía voluminoso por la ropa, su cara muy arrugada y delgada me dejaba la sospecha de que pesaba poco, unos pantalones de corduroy negro despintado y unas zapatillas de tela terminaban con pararlo cansadamente al lado del auto siniestrado. Le pregunte si se sentía bien, me dijo que si, que salio un loco como un rayo de la Av. Del Río y no pudo esquivarle, le choco y huyo hacia Jesús Maria, era una camioneta antigua, esas duras que de seguro solo se abra raspado.
Yo le escuchaba pero a la vez me preguntaba como un ancianito podía trabajar hasta esas horas, hasta estos tiempos, hasta esa edad, ¿cual era su historia? , ¿Porque trabajar tanto? , ¿Estará solo en el mundo? , le ayude a empujar el tico dentro del grifo, verificamos juntos los daños, el capot no cerraba y así no podría conducir, el carro encendió y el motor se mostraba operativo, le regale una cuerda de nylon para que amarrara el capot a la base y que no se levantara, y le dije: “bueno maestro, lo importante es que no salio herido, vaya a su casa y descanse”
me miro y me dijo: “cual descansar señor, tengo que trabajar para pagar la cuenta si no el dueño se molestara” , “señor su carro esta chocado, ¿como le va a cobrar cuenta? , amarrando el capot con la cuerda que le regale me respondió: “este carro entrara al taller mañana y no tengo plata para soportar por lo menos 2 días que durara la compostura, tengo que comer señor, además el dueño me cobrara la reparada”, se subió a su carro y se fue por la Avenida, con un foco prendido y sonándole la lata , el alma triste y condenada a seguir laborando cuando ya otros en su mismo tiempo corpóreo duermen placidos en una tibia cama. No me atreví a preguntarle si gozaba de pensión, no me atreví a preguntarle su exacta edad, mas bien él rápido se fue como huyendo de mi, quizás intuyendo que tenia preguntas que hacerle y que no hubiera querido responder. Las ganas de decir algo me llevaron al llantero que había terminado de poner la rueda, le dije: “como puede ser que haya ancianitos trabajando así” y el llantero respondió: “hay un montón de viejitos que trabajan de noche, no pensaron que serian viejos y no juntaron para su vejez y ahora están cagados” , le pague y me fui pensando que la mayoría habla como el llantero, una sociedad que se divide en bueno y malo , en blanco y negro, la compasión, la tolerancia, el perdón están desterrados de la calle , no hay piedad para el que no puede ni con su alma, total, si no hay sensibilidad para los niños, menos para los viejos. Que Asco de País.
La vejez….
es la mas dura de las dictaduras,
la grave ceremonia de clausura
de lo que fue la juventud alguna vez.
A lo mejor, mas que viejo sere un anciano honorable,tranquilo y lo mas probable,gran decidor de consejos o a lo peor, por celosa me apartará de la gente y cortara lentamente mis pobres, últimas rosas.