El portazo dejo a miguel sin opción a decir mas nada, ella rauda detuvo un taxi y se fue a la casa de su madre, era la historia de siempre, una vez mas ganaba el pleito, la última palabra, no mas reclamos, no mas insistencias, en 10 años de matrimonio se hacia lo que su esposa quería, él sabia que le faltaba carácter, la amaba y la perdonaba, pero su amor se fue convirtiendo en una jaula, en una prisión sin condena. Tenia 35 años, se sentía joven, blanco y de buen aspecto, las mujeres del barrio lo miraban con agrado y las potenciales pasajeras lo preferían cuando estacionaba su taxi ; era ella la que lo miraba con burla por su barriga, era ella la que no se cansaba de corregirle en todo y por todo, ella llevaba las cuentas y decía que no había mejor administradora de una casa que la esposa, miguel siempre pensó: “el que maneja el dinero tiene el poder” y aunque los ingresos provenían casi al 100% de su esfuerzo, no podía ni comprarse un par de medias sin escuchar en su mente la voz de la mujer criticándole o ridiculizándole; acababa agachando la cabeza con culpas al sopesar lo importante de la presencia de Irene en casa, era buena madre, cocinaba como las diosas y hacia el amor como nadie, pero ahora estaba solo sentado en el sofá, analizando en que momento se apodero de su vida y cuantos portazos mas faltarían para mandarla al carajo.
Mientras imaginaba hipotéticas formas de venganza, timbro el celular, su amigo lo invitaba a un cumpleaños, era lo mejor para disiparse, juntos enrumbaron hacia la fiesta, ya no había espacio para las penas, sin calcular nada, decidió que esa noche seria el de antes, seria soltero por obra y gracia de su propia imaginación, le dijo a su pata: “hoy soy libre brother, y me quiero levantar a una buena hembra”, los dos rieron y al poco rato estaban en la fiesta, miguel no tardo en inspeccionar visualmente el material femenino, felizmente las chicas estaban en los treinta, como le gustaba y que una guapa lo miraba tanto como él a ella, no tardo en presentarse y sacarla a bailar, era una trigueñita esplendida, de mediana estatura, consiguió saber casi en la primera pieza que era separada y con 1 niño, mujer perfecta, su amigo le celebraba su rápido avance con el pulgar arriba; pero ni miguel ni la trigueñita sospecharon que esa atracción por falta de cariño, soledad, feromonas y de mas causales, los llevaría a salirse de la fiesta en lo mejor; abandonando amistades salieron casi besándose, no pararon hasta la hostal más cercana y como si el mundo fuera a acabarse por el calentamiento global, se amaron dos eternas horas.
Después como casi siempre en estos romances repentinos, terminaron de conocerse y contándose sus penas, se comprometió a llevarla a casa en su taxi. Ella le dijo: “¿me puedes invitar una cerveza?”, “claro”, respondió miguel, y agrego: “pero aquí en el carro”, ella sonrió. Estacionando su taxi en una bodega, compro dos cervezas, entre besitos y brindis, se miraban con ternura y reían como adolescentes. Todo era perfecto hasta que se escucho una fuerte voz: “HOLA MIGUEL, YA TE VI!!!” , volteando rápido alcanzo a ver a su vecina en un auto con su madre incluida, saludándolo con esa mirada que solo los que saben que están haciendo algo prohibido conocen, esa mirada con labios apretados y ojos rasgados, la mirada delatora, la trigueñita le dijo: “Ay Dios, te vieron amigo, ¿Quién era?” , “es la mejor amiga de mi esposa” , simplemente era hombre muerto.
Ya en casa tuvo que esperar 2 días sin cruzar palabra con Irene, que de sopetón lo interrogo, lo sabia todo. Obviamente negó mas de lo que la maldita chismosa vio; que solo fue una amiga, que solo fue una cerveza en su carro y mil excusas. Irene estaba confundida, molesta, celosa, irritada, y miguel vio a su mujer por primera vez asustada, temía perderlo. Mas que sentirse acongojado y arrepentido, gozo en secreto viendo a su mujer sufrir, esta vez estaba jugando de local, esta vez si que le dio en el alma, tantas veces ella lo humillo, hiriéndole en su orgullo maltrecho por una baja autoestima que sabe dios donde comenzó, esta vez miguel tenía un arma, pero era un arma letal, una solución final, tuvo miedo de su poder de destrucción, así que recapacitando en aquella triste escena viendo a Irene llorar, la consoló y como nueva revelación de hollywood, pudo calmarla y jurarle que nada podría romper el amor y que solo busco compañía para contar sus penas, de seguro Irene quiso creerle, pues siempre es mejor creer, y lo perdono.
Al día siguiente ya nada volvería a ser como antes, ella dedicaba mas tiempo para Miguel, lo trataba con cariño y le prestaba mas atención, y aunque de cuando en cuando estallaba por su carácter, siempre fueron explosiones controladas, miguel lo entendía así, y no protestaba, Irene se asombraba del cambio y la fuerza de su esposo y mas le amaba, sin embargo, otra historia se construia en oscuros lugares, el arma letal que descubrió miguel, le sirvió para vengarse en lo sucesivo de las ofensas de Irene, a cada pelea sobrevenía un cuerno invisible , pequeños cachitos de los llamados choque y fuga, miguel se convirtió en un jugador de cancha grande, su autoestima se elevo, adquirió valiosa experiencia, terminando por entender que a las mujeres es mejor no hacerles tanto caso cuando están con sus ataques de locura pues siempre abra una trampita afuera con quien poder desahogar las miserias del matrimonio.
Esta historia me la contó el mismísimo miguel, en un restaurant frecuentado por taxistas, compartimos una mesa, en una noche de mucho público, conversamos entre risas y me narro sus aventuras, acompañados de un buen café. Han pasado 20 años de aquella historia según su propio testimonio.
A veces lo veo cenando con sus patas y lo saludo con una sonrisa.
Miguel es su seudónimo para este relato.
El matrimonio es una pesada cadena que tienen que cargar 2…….. y a veces 3.